Cada día me cuentan una historia.
Me cuentan historias de amor.De pasiones.De instintos primarios.
Me cuentan la historia de un suspiro que escapó de la boca de una doncella, años ha, cuando ésta pensaba en aquél ; y de cómo ignoraba que aquél pensaba en la otra.
A menudo, también, oigo historias de hombres valientes. De hombres incomprendidos.
Oigo historias de miedo, del miedo ajeno, del miedo al miedo... y de cuando alguien se dejó vencer por éste.
Las piedras me cuentan La Historia; en ellas yace el alma de todos aquellos que las erigieron sobre la Tierra.Paredes a las que no les hace falta hablar para contármelo todo.
El papel, los lienzos, las voces, las risas, los llantos, los gritos, los susurros, los gemidos, los suspiros; los documentales, los libros, las viejas cartas, los científicos, los teólogos.
Los locos (y los que hacen ver que lo están) ; los fracasos, las bodas, los robos, los asesinatos, los graffitti , el amor en estado puro, el amor interesado, la amistad , la hermandad, el instinto de supervivencia.
La genética , los nacimientos, la gastronomía, la mente humana...............
La vida misma.
Todo lo que me rodea me cuenta historias. Historias que conozco al pie de la letra, pero que nunca dejan de sorprenderme. Me cuentan mi propia historia.
Porque,a pesar de todo, no hay fronteras ; no hay espacio, ni tiempo.
El origen de quien está leyendo estas líneas es el mismo que el de quien las escribe.
Todo se remite a un único ser del cual todos formamos parte. A lo largo de los milenios, nada ha cambiado. Seguimos siendo los mismos. Podemos aliñar nuestra existencia con la tecnología. Podemos disfrazar de civilización nuestros impulsos.
Podemos jugar a ser diferentes los unos de los otros.
Pero jamás podremos librarnos de nuestras raíces; el problema surge cuando nos olvidamos de ellas.




