Lo planteo a modo de pregunta porque no me atrevo a afirmarlo.
No es que me plantee que seamos víctimas de una sociedad machista, no; simplemente me planteo que nosotras mismas somos las machistas.De lo contrario, no lo entiendo.
Mas confío en que muchas mujeres, como yo, se hacen esta pregunta cada vez que observan ciertas cosas, ciertos hechos que a pesar de los avances se siguen dando en la sociedad.Por eso no lo afirmo, simplemente lo planteo: ¿Es que nos toman por tontas? ¿O somos nosotras mismas quienes damos pie a que nos tomen por tontas?
Empecemos por la publicidad, esa manipuldora sin escrúpulos de la que dependemos tanto.
No soy la única que se ha fijado en que los anuncios de compresas son indiscutiblemente patéticos.No sólo nos hablan de la menstruación como algo divertido (tampoco es un suplicio, pero ¿qué tiene de divertido, digo yo?), sino que parece que la cosa vaya más allá y nos la pinten como algo no sólamente divertido sino además estúpido.Me resulta todo ridículo y absurdo.Y sé que muchas (e incluso muchos) comparten la opinión.
Este tema de la ridiculez de los anuncios de compresas se lleva comentando desde hace años en las charlas de cafetería y, sin embargo,en cada nuevo anuncio que sacan, se lucen más y más con el temita.Me gustaría saber si no saltaría la alarma si ahora , en los anuncios de máquinas de afeitar para hombres (al fin y al cabo se trata de higiene personal),en vez de mostrar escenas de un hombre triunfador y seguro de si mismo que de pasada las trae locas... se dedicaran a mostrar a decenas de hombres saltando y cantando canciones absurdas que parecen sacadas de un capítulo de barrio Sésamo.En cambio, a nosotras nos parece de lo más normal eso de ver mujeres haciendo el primo, y escuchar eslógans sobre preguntas que sólo se haría una persona en estado de colocón agudo.
Por otra parte, tenemos la prensa.Sí, esa que tanto bien y tanto mal nos hace.
Hace unas semanas fui al médico a hacerme unas pruebas y , como me quedaba un buen rato de espera antes de entrar a la consulta, me compré la primera revista de moda y belleza que encontré en el pequeño quiosco del hospital.
No mencionaré el nombre de la revista porque, básicamente, apenas existe diferencia entre las muchas que pueblan el mercado.Cualquier nombre serviría para ejemplificar el tema.
Ya es grave que las revistas para mujeres se limiten a tratar únicamente temas sobre la moda y la belleza.Y sí, nosotras, incluída yo, nos interesamos por estos temas, pero... ¿Es que acaso no tenemos nada más en la cabeza?¿Es que no nos importa nada más que triunfar y estar siempre perfectas?¿Todo se limita a intentar ser las mejores en todo?
Como decía, ya es grave que el círculo de intereses femeninos se vea plasmado como un círculo cerrado y superficial.Más grave me parece todavía que las 200 páginas que forman la revista se vean repartidas en: 100 de publicidad consumista en la que se muestra a una mujer paranormalmente bella y perfecta (ya sea gracias a un perfume o al último grito en cremas), o eternamente joven y guapa gracias a la cirurgía estética;unas 50 páginas de moda que, bien por el elevadísimo precio, bien por el escaso buen gusto que desprende, dudo que se la compre más de un 5% de lectoras; y finalmente tenemos otras 50 páginas que nos tratan de vender productos de belleza, moda y decoración a precios casi tan elevados como los de las prendas de los reportajes antes mencionados.
Pero, si me pongo a decir lo que me parece más grave de todo el asunto (si es que puede haber algo más grave que lo anterior), es que luego voy y me compro una revista de ciencia, naturaleza y curiosidades, o cualquiera de historia o arte, y me encuentro con que la inmensa mayoría (por no decir toda) la publicidad que se presenta en sus páginas va claramente dirigida a un público masculino.
Y , sinceramente ,y a modo de resumen explicativo del título de este texto...yo ya no sé si es que nos dejamos comer el coco y que nos traten de tontas sin hacer nada al respecto; o bien somos nosotras que estamos pidiendo a gritos, con nuestra actitud ante la sociedad, que nos tengan por gilipollas.



