Cierto día, a altas horas de la madrugada ,quizás podría encontrar a alguien con quien compartir la cama de un motel de carretera. Ese día, mi única intención sería aprovecharme de un cuerpo ajeno. Ese tórrido día, en el que las horas exprimiría al máximo, desde la aurora hasta el ocaso…ese día mi pasado vendría a visitarme, y me recordaría que Él, aquél que ahora yace bajo mi cuerpo, merece ser usado y tirado como si de un trapo sucio se tratase. Ese día, decenas de caras pertenecientes a grandes embusteros se pasearían por delante de mis recuerdos; y, entonces, las decenas de promesas que una vez ellos me hicieron, yo se las haría a Él. La rabia, el odio y el resentimiento emanarían de mis ojos disfrazados de pasión y, a cada embestida, gritaría Su nombre como si de una maldición se tratase.
Puede que llegue ese día; ese día en que yo, una vez saciada, me levantaría de la cama, recogería mis cosas, me calzaría mis zapatos de tacón de aguja (habría aprendido a caminar con ellos) y huiría por la puerta grande sin más explicación.
Y, al día siguiente de ese día, Él me buscaría pidiéndome un por qué, y yo, como mucho, le ofrecería una excusa barata….de las que se hacen notar, de las que golpean ahí, donde más duele. De las que yo recibí. De las que obligan a fingir que son creídas. De las que agotan el amor de repente.
Entonces, colgaría de mi pecho la medalla de la hipocresía y la frialdad, la medalla de la ignorancia y el triunfo, triunfo sobre aquellos que una vez me hirieron, triunfo sobre aquél que hoy me busca como nadie antes había hecho.
Todo eso podría suceder tal día.
Mas ¡ah! Tal vez ,ese día, Él gritara mi nombre con verdadera devoción; quizá ,Él esculpiera mi cuerpo con las manos de
Por
M.H,
9 / 7 / 08
Te vi.
Allí, sentado, esperando a observar algo (oh! espero no saber nunca de qué, de quién se trataba!).
Te vi.
Entre la gran multitud de desconocidos rostros.
Mis ojos fueron abducidos por tu oscuridad,llamados por ella. Se clavaron en tu pelo negro, en tu ropa -cuyos detalles no fui capaz de percibir-. Sólo sé que una sola mirada fue suficiente como para que todo, excepto tu piel pálida- casi transparente- se me asemejara exquisitamente oscuro.¿Y tus ojos?¿Serían también del color de la noche?
Me dirigí al exterior del teatro, a respirar algo de aire fresco.No podía permitir que nada -ni siquiera tú- enturbiase mi mente. Debía prepararme para el momento.
Voces, gritos, risas, alguna que otra frase de diálogos ajenos, ruido de coches…y, en mi interior,el susurrar de la adrenalina, cada vez más intenso, a punto de convertirse en una explosión ensordecedora, aguardando impaciente bajo los poros de mi piel.
Entonces volví mi rostro…y, de nuevo, allí estabas. Escuchando atentamente la animada conversación de tus acompañantes.
De repente, sucedió.
Mis ojos se encontraron con los tuyos.
Por fin.
Todo rastro de timidez se desvaneció de mi persona, ante mi propio asombro. “No, déjalo…. no puede ser…¡no puede ser! ¡no le conoces!”.
Mas seguía cautivada, hechizada por tu forma de mirarme, por tu largo cabello que pedía a gritos ser acariciado,por tu cuerpo deiforme, por tu faz casi vampírica (oh , viejo amigo Becquer ¿era esto lo que tratabas de explicarme?¡¿Era esto?!).
Ah, pero estabas demasiado lejos como para saber qué color bañaba tu mirada…
Quise acercarme más.
Continuabas clavando tus ojos en mis pupilas.
Impasible.
¿Impasible?
Por un momento me pareció que sonreías. Te devolví la sonrisa, aun sin saber a ciencia cierta si todo aquello no era más que un delirio producto del nerviosismo.
Mas seguí mirándote, y ni siquiera sé –ni me importa- por cuánto tiempo nuestros ojos se abrazaron.¿Quién eres?¿Quién fuiste?¿Qué estabas haciendo allí?
“Olvídalo ¡olvídalo,por favor!”.
Había llegado la hora de irse. La hora de subir al escenario y sacar afuera todo lo que en mi alma había estado esperando a ser liberado.
Mis extremidades temblaron al escuchar las primeras notas. Sentí cómo ardían mis mejillas.
La adrenalina, al fin,empezó a arder.
Me giré.¡Qué extraña sensación!
Intenté no fijarme en los centenares de expectadores que se encontraban frente a mí.Quizá, aunque hubiese querido, no habría logrado fijarme.
Había una fuerza, una imagen en mi recuerdo reciente, que me impulsaba a moverme de forma decididamente sensual, casi agresiva.
No me atreví a buscar tu rostro de nuevo entre la multitud; no todavía...
Aquella noche bailé para ti, hombre de negro.
“Esta niña siempre está sintiendo olores”.Tuve que oír esa frase en numerosas ocasiones cuando, de pequeña, desde mi ingenuidad comentaba cualquier cosa sobre cualquier olor que llegaba a mi agudo olfato, desde cualquier rincón, en cualquier lugar.
A medida que han pasado los años (no tantos, pero han pasado) mis ojos han perdido parte de su capacidad para ver de lejos, al igual que mis oídos se han encontrado algo limitados a la hora de recibir información con absoluta claridad .
Por algun motivo, jamás mi olfato se vio limitado (dentro de sus límites humanamente normales, claro está).
No es de extrañar que las civilizaciones mesopotámicas (quizá fue antes?) ya se sintieran atraídas por y dieran importancia a algo parecido al perfume tal y como lo conocemos hoy en día. Sobra decir que, inconscientemente, la mayoría de los mortales que usamos dichos ungüentos sabemos muy bien por qué lo estamos haciendo. No entraré en los detalles referentes a los motivos psico-sociales que puedan llevar a una persona a perfumarse; mas, para mí, en concreto, ya no sólo un perfume, sino el olor en general, siempre ha tenido y sigue teniendo una importancia clave en todos y cada uno de los momentos de mi vida. Quizá ese instante en que percibo el olor y reparo en él (aquel proceso de estímulo-atención-sensación-percepción que tanto tuve que estudiar en su momento) tenga una importancia determinante en mi agrado ante la situación, (al margen de muchos otros factores que puedan hacerla agradable o no); en ese instante, seguramente, no reparo en la huella que seguramente pueda dejar cierto olor en mi memoria; pero, con el tiempo, por casualidades de la vida, vuelve a llegar a mí ese olor o alguno similar…y es entonces cuando pasan por mi cabeza desde imágenes perfectamente nítidas, hasta conversaciones al detalle, situaciones, lugares…
Y se despierta en mí un remolino de sensaciones movidas por el recuerdo. Recuerdos agradables, recuerdos amargos, tristes, dulces…revivo en unos segundos esa escena, como si ésta formara parte del presente. Sintiéndola como si estuviera volviendo a acontecer ante mis ojos.
Qué voy a contar que a alguien no le haya pasado ya…! Qué voy a contar, si, como ya he dicho, desde siempre, el ser humano ha jugado con la psicología del olor…(hecho que no debe infravalorarse , y más teniendo en cuenta que la mayoría del resto de las especies también actúan de dicha forma).
Mas, en mi caso, considero que se trata de una forma de percibir muy arraigada e intensa, algo inexplicablemente relevante en mi vida. Y me encanta que así sea.

Hay mucho cabrón,
Mucho fantasma,
casas vacías con linda fachada;
Falsas promesas de bondad disfrazadas;
Camuflaje emocional, ambición difuminada.
Hay mucho charlatán,
Mucho carroñero
Dicen que el amor siempre va primero,
Y la meten bien metida a la mínima ocasión.
Ayer eran los mejores, hoy no sabes quiénes son.
Y allí, allí donde siempre estaban,
Mañana ya no estarán.
Y cuando tu alma les hable,
Ellos no responderán;
Aturdidos, confundidos, “¡Nunca quise!” te dirán.
Que no buscan aventura;
Que sincera es su oración;
Que no jugarían nunca
Con tu pobre corazón;
Que las tácticas astutas
No son de su aprobación...
Que te aman...que te sienten....
¡¡¡Mienten!!!
¿Que importará tu pasión?
Si a cobardes y lunáticos
Puedo presentarte a mil:
A uno solo que no cambie
En la vida conocí.
Pues hipócritas y enfermos
Se encuentran en cada rincón;
Y, aunque parezca que brilla
La esmeralda de su amor
¡De imitaciones baratas
Está lleno el mostrador!
Si no saben valorarte
No será tuyo el error...
Aunque ,al final, siempre pagues
Los traumas de un perdedor.
Aunque me pese decirlo...
¡Hay mucho cabrón!
M.H.
08-07-08