
Eran las 7 de la tarde.Hacía frío,un frío húmedo provocado por la lluvia que anteriormente había bañado el suelo de toda la comarca.Miré hacia arriba y observé con melancolía un cuarto creciente que luchaba por abrirse paso entre las últimas nubes.A pesar de ser mi cumpleaños, no había sido un día alegre.De hecho, no había sido un día diferente a los demás.
La gente pasaba por delante de mí, figuras obscuras y sin rostro, caminando impacientes de un extremo a otro del andén.Absorta en mis pensamientos, dirigí la vista al vacío situado a mi derecha.Y, de pronto, se llenó el vacío.
Te vi.
Con tu paraguas apoyado en el suelo.
Con tu gabardina beige arropándote.
Con tu pelo alborotado,y esa mandíbula marcada.
Con tu rostro perfilado y pálido.
Y, de golpe, tu imagen me evocó una batería de recuerdos que no tengo y vivencias que no recordaba:El siglo XIX que nunca viví.El poeta que por las noches le llora a la luna.El Johnny Depp de "Sleepy Hollow". Las conversaciones en un café perdido en las calles de la ciudad. El artista que quiere darse a conocer. El alma perdida que ansía ser encontrada.
No, no estaba viendo al típico ideal masculino, ni siquiera estaba viendo un cuerpo o un rostro: en ti vi el icono de lo romántico, la más viva representación de lo desfasadamente pasional.
"Tiene pareja, seguro...¡bah!, total tampoco debe importarme éso, de todas formas jamás sabré nada de su vida" .Sí, siempre soy igual de optimista.
Llegó nuestro tren.Te acercaste a mí, siendo yo consciente de que no me ibas a decir nada.Abrí la puerta y entraste detrás de mí.Me dirigí a un asiento desocupado.Deseé con todas mis fuerzas que no hubiese más lugar en todo el vagón, que no te quedara más remedio (ya que sabía que no lo harías por tu propio pie) que sentarte a mi lado.Deseé que no tuvieras alternativa a hablarme, que no hubiera elección (...¡ja! ¿qué te hubiese dicho si ésto hubiese sucedido? ¡Seguramente no hubiese sido capaz de pronunciar palabra alguna!).
El respaldo de un asiento a unos cuantos metros de donde yo estaba tapó por completo tu melena. Tu cuerpo se fue del alcance de mi vista.Pero tu imagen quedó ahí, sentada delante de mí, tal y como yo habría deseado.
Entró un rumano con su acordeón y empezó a tocar un tango. Banda sonora para mis pensamientos.
Y te imaginé.Imaginé qué pasaría si...
Imaginé que me hablabas con cualquier excusa, que todo resultaba fácil, que prácticamente no hacían falta palabras.
Imaginé que me levantaba del asiento e, inclinándome, bebía de tus labios, enredando mis dedos en tu pelo, arañando con ansia el tiempo para, sólamente después de ésto, preguntarte por tu nombre.
Imaginé que te bajabas del tren conmigo, invadido por una irrefrenable pasión, con más sentimiento de prisa que de retraso,sólo para poder estar conmigo unos minutos más y,así, poder intercambiar números, direcciones y miradas.No, no deseaba sentirte dentro de mí (no todavía).Hubiese querido embriagarme de tu esencia para estallar en delirio, poco a poco, descubriendo qué se escondía detrás del anacronismo de tus facciones.
Volví a la realidad.No quedaba mucho tiempo.
Ideé alguna excusa para acercarme a ti.
Nada.
¡Nada no sirve como excusa!Quizá fuera mejor decirte la verdad...Pero luego me acordé de los "quemados" del tren (y de todas partes), de los psicópatas y de todos los hombres raros que me he encontrado en mis viajes, y supe que no me hubieses entendido.De todas formas,¿Acaso me hubiese atrevido a dirigirte la palabra?¿A quién pretendía engañar?
Megafonía anunció el final de mi trayecto, rompiendo mis pensamientos en diminutos trocitos de desánimo.
Miré hacia tu asiento y, por un momento, me vino a la mente la palabra esperanza.¡¡Cuán absurda es a veces!!
Abrí la puerta y bajé del tren.
Sin mirar atrás.
Y tu imagen y el tango que la acompañaba se fueron perdiendo en la distancia, hasta desvanecerse por completo.
La gente pasaba por delante de mí, figuras obscuras y sin rostro, caminando impacientes de un extremo a otro del andén.Absorta en mis pensamientos, dirigí la vista al vacío situado a mi derecha.Y, de pronto, se llenó el vacío.
Te vi.
Con tu paraguas apoyado en el suelo.
Con tu gabardina beige arropándote.
Con tu pelo alborotado,y esa mandíbula marcada.
Con tu rostro perfilado y pálido.
Y, de golpe, tu imagen me evocó una batería de recuerdos que no tengo y vivencias que no recordaba:El siglo XIX que nunca viví.El poeta que por las noches le llora a la luna.El Johnny Depp de "Sleepy Hollow". Las conversaciones en un café perdido en las calles de la ciudad. El artista que quiere darse a conocer. El alma perdida que ansía ser encontrada.
No, no estaba viendo al típico ideal masculino, ni siquiera estaba viendo un cuerpo o un rostro: en ti vi el icono de lo romántico, la más viva representación de lo desfasadamente pasional.
"Tiene pareja, seguro...¡bah!, total tampoco debe importarme éso, de todas formas jamás sabré nada de su vida" .Sí, siempre soy igual de optimista.
Llegó nuestro tren.Te acercaste a mí, siendo yo consciente de que no me ibas a decir nada.Abrí la puerta y entraste detrás de mí.Me dirigí a un asiento desocupado.Deseé con todas mis fuerzas que no hubiese más lugar en todo el vagón, que no te quedara más remedio (ya que sabía que no lo harías por tu propio pie) que sentarte a mi lado.Deseé que no tuvieras alternativa a hablarme, que no hubiera elección (...¡ja! ¿qué te hubiese dicho si ésto hubiese sucedido? ¡Seguramente no hubiese sido capaz de pronunciar palabra alguna!).
El respaldo de un asiento a unos cuantos metros de donde yo estaba tapó por completo tu melena. Tu cuerpo se fue del alcance de mi vista.Pero tu imagen quedó ahí, sentada delante de mí, tal y como yo habría deseado.
Entró un rumano con su acordeón y empezó a tocar un tango. Banda sonora para mis pensamientos.
Y te imaginé.Imaginé qué pasaría si...
Imaginé que me hablabas con cualquier excusa, que todo resultaba fácil, que prácticamente no hacían falta palabras.
Imaginé que me levantaba del asiento e, inclinándome, bebía de tus labios, enredando mis dedos en tu pelo, arañando con ansia el tiempo para, sólamente después de ésto, preguntarte por tu nombre.
Imaginé que te bajabas del tren conmigo, invadido por una irrefrenable pasión, con más sentimiento de prisa que de retraso,sólo para poder estar conmigo unos minutos más y,así, poder intercambiar números, direcciones y miradas.No, no deseaba sentirte dentro de mí (no todavía).Hubiese querido embriagarme de tu esencia para estallar en delirio, poco a poco, descubriendo qué se escondía detrás del anacronismo de tus facciones.
Volví a la realidad.No quedaba mucho tiempo.
Ideé alguna excusa para acercarme a ti.
Nada.
¡Nada no sirve como excusa!Quizá fuera mejor decirte la verdad...Pero luego me acordé de los "quemados" del tren (y de todas partes), de los psicópatas y de todos los hombres raros que me he encontrado en mis viajes, y supe que no me hubieses entendido.De todas formas,¿Acaso me hubiese atrevido a dirigirte la palabra?¿A quién pretendía engañar?
Megafonía anunció el final de mi trayecto, rompiendo mis pensamientos en diminutos trocitos de desánimo.
Miré hacia tu asiento y, por un momento, me vino a la mente la palabra esperanza.¡¡Cuán absurda es a veces!!
Abrí la puerta y bajé del tren.
Sin mirar atrás.
Y tu imagen y el tango que la acompañaba se fueron perdiendo en la distancia, hasta desvanecerse por completo.
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